Octavio Ortiz García
Morelia, Michoacán, a 14 de septiembre de 2025.- La caída de árboles registrada en Morelia durante las recientes lluvias estaría relacionada principalmente con una mala planeación desde el momento en que fueron plantados, particularmente por elegir especies que, al alcanzar su edad adulta, no cuentan con el espacio suficiente para desarrollar adecuadamente sus raíces y su copa, afirmó Patricia Gómez, doctora bióloga y botánica de la Universidad Michoacana.
La especialista explicó que las condiciones climáticas adversas pueden favorecer el desprendimiento de árboles, pero consideró que el problema debe analizarse desde mucho antes, cuando se determina qué especie será plantada y en qué lugar.
“Yo pensaría que está asociado a la mala planeación por la ubicación que tienen esas especies; se colocan plantas en lugares muy reducidos y cuando la planta es adulta ya el espacio no le sirve”, señaló.
Gómez explicó que algunos árboles de gran tamaño terminan desarrollando una copa considerable y requieren un sistema de raíces amplio, pero cuando son colocados en espacios reducidos, rodeados de cemento o con poca superficie disponible, su crecimiento puede verse limitado.
A ello se suman las condiciones meteorológicas, como las fuertes lluvias y los vientos, que pueden incrementar el riesgo de que un árbol debilitado o con un sistema radicular limitado termine desprendiéndose.
La académica descartó, sin embargo, que las recientes caídas de árboles necesariamente sean consecuencia de un mal cuidado por parte del Ayuntamiento de Morelia, pues consideró que el origen del problema puede encontrarse en decisiones tomadas años atrás, cuando fueron seleccionadas y plantadas determinadas especies en espacios que posteriormente resultaron insuficientes.
Por ello, planteó que la ciudad debe avanzar hacia una planeación del arbolado urbano basada en conocimiento botánico, tomando en cuenta las características de cada especie antes de colocarla en calles, banquetas, camellones o áreas públicas.
Indicó que no basta con que un árbol sea atractivo o proporcione sombra; también es necesario conocer sus dimensiones cuando llegue a la madurez, el tipo de raíces que desarrolla, sus requerimientos de agua y suelo, así como su resistencia y comportamiento frente a las condiciones climáticas.
Como ejemplo, mencionó el caso de los eucaliptos, especies que, por las características de su madera, pueden ser susceptibles a caer bajo determinadas condiciones.
En contraste, señaló que Morelia cuenta con especies regionales que pueden ser más adecuadas para las condiciones de la ciudad, entre ellas los colorines y huizaches, aunque aclaró que tampoco significa que las especies exóticas deban ser descartadas completamente.
En el caso de cipreses y pinos, consideró que pueden utilizarse, pero siempre bajo una selección y planeación adecuada del sitio donde serán plantados.
La especialista también se refirió a las jacarandas, ampliamente utilizadas en la imagen urbana de Morelia debido a su atractivo ornamental, pero recordó que se trata de una especie originaria de Sudamérica y que su plantación debe realizarse de manera responsable, considerando las características del espacio donde será colocada.
Gómez sostuvo que el reto para Morelia no consiste únicamente en plantar más árboles, sino en plantar los árboles correctos en los lugares correctos, con una visión de largo plazo que considere el crecimiento de cada ejemplar.
De esta manera, consideró necesario que las políticas de arborización urbana incorporen criterios científicos y botánicos, para evitar que árboles que hoy parecen adecuados terminen convirtiéndose en un problema cuando alcancen su tamaño adulto.
La caída de ejemplares durante las lluvias recientes, concluyó, debe servir también como una oportunidad para revisar cómo se ha planeado históricamente el arbolado de Morelia y establecer criterios científicos para su colocación en zonas urbanas.

