Por Jonatan Isahib

La definición de Carlos Torres Piña como coordinador de la 4T en Michoacán abrió una nueva etapa para las fuerzas políticas que forman parte, o que han acompañado, al proyecto de transformación en el estado. Pero también puso sobre la mesa una realidad que no puede ignorarse: existen diferencias internas que, de no atenderse mediante el diálogo, podrían convertirse en obstáculos para la construcción de un proyecto común.

 

Morena ha definido una ruta y, junto con el Partido Verde Ecologista de México, ha mostrado disposición para mantener una alianza que permita darle continuidad al proyecto político. Sin embargo, la posición del Partido del Trabajo y las diferencias que han surgido entre distintos actores obligan a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿qué es más importante, las diferencias internas o la construcción de un proyecto sólido para Michoacán?

 

La política, por definición, es diálogo, negociación y capacidad para encontrar coincidencias aun cuando existan diferencias. Ninguna alianza puede sostenerse únicamente con acuerdos electorales; necesita confianza, comunicación y, sobre todo, objetivos compartidos.

 

Después de la definición del coordinador de la 4T, el siguiente paso debería ser la reconstrucción interna de las fuerzas políticas. No se trata de borrar las diferencias ni de pedir que todos piensen igual. Se trata de encontrar los puntos de coincidencia que permitan fortalecer un proyecto que tenga como prioridad el bienestar de Michoacán.

 

El diálogo entre Morena, PT y PVEM puede ser determinante. También lo es la capacidad de sus dirigencias y liderazgos para entender que los procesos políticos cambian, que las posiciones se modifican y que ninguna fuerza puede dar por sentado el respaldo ciudadano.

 

Michoacán enfrenta retos importantes en materia de seguridad, infraestructura, desarrollo económico, educación, salud y generación de oportunidades. Frente a esa realidad, las disputas internas pueden terminar desplazando de la agenda lo verdaderamente importante: construir condiciones para que el estado avance.

 

La unidad no significa uniformidad. Una alianza política fuerte puede estar integrada por diferentes voces, siempre que exista la capacidad de escucharse y construir acuerdos.

 

Por ello, el escenario que se abre después de la elección de Torres Piña debería ser visto como una oportunidad para sentarse a dialogar, recomponer relaciones y establecer una agenda común.

 

El futuro político de Michoacán no debería construirse desde la confrontación permanente, sino desde la capacidad de sumar. Si Morena, PT y PVEM logran procesar sus diferencias y fortalecer sus coincidencias, podrán presentar un proyecto con mayor cohesión y capacidad de respuesta ante los desafíos que enfrenta el estado.

 

Al final, la política también debe entenderse como una herramienta para construir bienestar. Y para ello, antes que cualquier cálculo personal o partidista, se necesita algo elemental: diálogo, unidad y visión de futuro para Michoacán.